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Una iglésia llena de gracia

INTRODUCCIÓN

“Quiero comenzar con dos imágenes.

La primera es este hotel, ubicado en el norte de Suecia, cada invierno se construye un hotel completamente hecho de hielo. Tiene habitaciones, salones, esculturas, pasillos… por las imágenes se ve impresionante. Pero hay un problema: hace frío.

Royal Botanic Gardens, en Londres

Es un invernadero. Fuera puede hacer frío. Puede haber viento. Puede haber incluso un invierno duro. Pero entras en este invernadero y la historia cambia.Hay calor. Hay vida. Hay plantas que están creciendo. Algunas necesitan más cuidado que otras. Algunas están débiles. Algunas todavía son pequeñas. Pero están en un lugar donde creer y florecer.

He querido usar estas dos imágenes para plantearnos una pregunta:

¿Cómo ha de ser la Iglesia?

¿Un palacio de hielo, impresionante por fuera pero frío cuando entras?

¿O un invernadero de gracia? donde las personas puedan encontrar calor, cuidado y un lugar donde crecer.

Porque una iglesia puede tener buena doctrina, buenos programas, buenos cultos, buena música, buenos edificios y una buena organización… y, sin embargo, ser un lugar frío para una persona herida.

Puede tener la verdad, pero perder la ternura. Puede defender la santidad y olvidar la compasión.

Podemos saber hablar de la gracia y, sin darnos cuenta, hacer que una persona que necesita gracia tenga miedo de entrar por esa puerta y acercarse a nosotros.

El título de nuestra reflexión de hoy es “Una Iglesia llena de gracia”

Gracia la encontramos en toda la biblia, pero a mí particularmente me encanta como Dios usa a Pablo para explicarnos lo que es la gracia en la carta a los Romanos, nos lleva  de la mano y nos hace entender la Gracia de Dios hacia cada uno de nosotros, con aquel precioso versículo

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe»

 pero Pablo no se queda en la gracia vertical, la de Dios hacia nosotros, sino que nos habla sobre la gracia horizontal y nos muestra cómo se ve una iglesia, una comunidad, cuando la gracia toma forma en sus relaciones.

Charles Swindollen en su libro “el despertar de gracia” insiste en esta verdad que necesitamos recuperar: la gracia no es simplemente algo que creemos; es algo que debemos vivir.

Creemos en esta gracia, en la gracia de Dios para con nosotros, la pregunta es:

¿Puede una persona experimentar la gracia de Dios cuando entra en contacto conmigo?

Y volviendo a las imágenes con las que hemos empezado, una comunidad llena de gracia debería parecerse más a un invernadero espiritual, un lugar donde el que viene herido encuentra calor.

Donde el que ha caído encuentra restauración. Donde el que está débil encuentra ayuda. Y donde el que está creciendo encuentra paciencia.

Eso es precisamente lo que encontramos en los versículos que reflexionaremos esta mañana en 1 Tesalonicenses 2:7-8, 11.

Tomando como ejemplo: una madre y un padre.

1 Tesalonicenses 2:7

“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos.” 

  1. LA TERNURA DE LA GRACIA

El abrazo materno de la iglesia, Pablo utiliza una imagen extraordinariamente tierna. Habla de una madre cuidando a su bebé.

Pensemos por un momento en un recién nacido.

Un bebé no puede ganarse el amor de su madre, si esperáis que os ayude a limpiar la casa, que ayude con los gastos, que os ayude con las tareas, el bebé simplemente recibe.

Y aun cuando llora a las tres de la mañana, cuando ensucia el pañal, cuando necesita atención constantemente…la madre lo cuida.

¿Por qué? Porque lo ama.

Este ejemplo que usa Pablo nos ayuda a entender algo acerca de la gracia.

La gracia no comienza con lo que nosotros hacemos por Dios. Comienza con lo que Dios hace por nosotros. Y lo hace por amor.

No somos amados porque somos perfectos. Somos amados porque Dios es misericordioso.

No venimos a Cristo porque primero conseguimos limpiar nuestra vida. Venimos a Cristo porque Él nos recibe y él comienza a limpiarnos.

Y esto es algo que como iglesia nunca podemos olvidar.

 La iglesia llena de gracia:  abraza al necesitado, abraza al herido.

Déjenme darles una imagen: si hijo o su nieto, jugando en el patio.

Corre, se tropieza, cae. Quizás se ha lastimado las rodillas. Y va a su madre llorando. ¿Qué hace la madre?

Acaso, lo mira desde la puerta y le dice:

Mira lo que te has hecho, mira lo sucio que estas, no entres asi.  No.

Lo toma en sus brazos. Y aunque su ropa se ensucie, lo abraza. Primero lo abraza. Después le limpia las heridas. Después le pone una tirita o una venda.

Después le explica cómo tener más cuidado.

Primero abrazo. Después tratamiento.

Y hay algo aquí que debemos recordar como iglesia. La gracia no significa que ignoramos el pecado.

La gracia significa que no tratamos al pecador como si no tuviera esperanza. Jesús nunca nos vio así a ti y a mí.

A nuestras iglesias entran personas heridas, algunos vienen cargando problemas familiares. Otros vienen con heridas producidas por otras personas. Algunos luchan con adicciones. Otros con soledad. Otros simplemente están cansados.

Y quizá vienen pensando:

“Si estas personas supieran en realidad cómo estoy, probablemente no me aceptarían.” Pero entonces entran en una iglesia llena de gracia y descubren:

“Aquí puedo respirar.”

Porque la gracia antes de señalarte camina contigo. Antes de condenarte, quiero ayudarte. Antes de alejarme de ti, quiero acercarme.

La gracia tiene un enemigo el legalismo, el legalismo puede convertir la vida cristiana en una lista de exigencias externas y hacer que olvidemos el corazón de la gracia.

El legalismo dice:

“Cuando arregles tu vida, entonces podrás acercarte.”

La gracia dice:

“Acércate a Cristo, y Él comenzará a transformar tu vida.” ¡Qué diferencia!

Una iglesia llena de gracia no baja los estándares de la Palabra de Dios, acompaña a las personas a llegar a esos estándares.

No decimos: “El pecado no importa.”

Decimos: “El pecado importa tanto que necesitamos la gracia de Cristo.”

Por eso Pablo puede ser tierno sin ser permisivo. Puede amar profundamente sin aprobar todo. Puede abrazar al pecador y, al mismo tiempo, llamarlo a una vida diferente.

Preguntémonos:

¿Cómo se siente una persona después de hablar conmigo?

¿Más cerca de Cristo?  ¿O más avergonzada?

¿Más esperanzada? ¿O más condenada?

¿Más animada a levantarse? ¿O con ganas de esconderse?

Todos vivimos de la gracia.

Por eso:

Si hemos recibido gracia, debemos convertirnos en canales de gracia.

Después de hablar de la ternura de la gracia nos encontramos con el v 8

“Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.” 

  1. LA GENEROSIDAD DE LA GRACIA

No solamente: “Les dimos el evangelio.” “Les dimos nuestras propias vidas.”

En otras palabras, dice, Nos entregamos Porque la gracia crea vínculos. La gracia no mantiene a las personas a distánciala gracia se acerca.

¿O no es eso lo que Dios hizo con nosotros por medio de su hijo?

Se acercó a la humanidad.

Podemos venir cada domingo, sentarnos en nuestra banca, mirar al que está delante de nosotros, escuchar el sermón y regresar a casa.

Pero eso no significa que estamos compartiendo la vida. Podemos estar sentados juntos sin conocernos realmente. Y una iglesia llena de gracia no solamente comparte un edificio. Comparte la vida. Comparte tiempo, La gracia nos vuelve generosos.

Cuando comprendemos cuánto hemos recibido de Dios, empezamos a mirar de otra manera las necesidades de los demás.

Si un hermano está buscando trabajo, no solamente decimos: “Voy a orar por ti.” Que está bien, pero quizá también deberíamos preguntar: “¿Cómo puedo ayudarte?” “¿Qué necesitas?”

Si alguien está solo: “Ven a comer con nosotros.”

Si alguien necesita hablar: “vamos a tomar un café”

Si alguien está atravesando una crisis: “No tienes que atravesarla solo.”

Esto es lo que significa entregar no solamente el evangelio, sino también nuestra vida.

La gracia produce generosidad. Cuando somos conscientes de que todo lo que tenemos lo hemos recibido por gracia, dejamos de vivir con las manos cerradas.

Empezamos a abrirlas, Abramos nuestra agenda, Abramos nuestro tiempo, abramos nuestra casa, abramos nuestra mesa. Abramos nuestro corazón.

Y preguntemos: ¿cómo puedo yo ser una bendición para alguien?”

La iglesia no puede ser solamente un lugar de reunión, una iglesia llena de gracia tiene relaciones verdaderas. Significa acompañar, Significa llorar con el que llora. Significa alegrarnos con el que se alegra.

Y eso es exactamente lo que Pablo dice: “Habéis llegado a sernos muy queridos.”

Una gran iglesia es una iglesia donde las personas son profundamente amadas.

Lleguemos a la tercera característica que nos menciona Pablo en el V11

 “…así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros.” 

3.LA RESPONSABILIDAD DE LA GRACIA

Ahora Pablo cambia la imagen, ya no habla de una madre. Ahora habla de un padre.

Y cuando habla del padre, habla de una responsabilidad: Un padre que ama a su hijo, Quiere enseñarle. Le corrige. Le prepara para la vida. quiere verlo crecer.

Ese es el papel de un padre. Impulsar a sus hijos hacia la madurez.

Y eso pasa con la gracia,

La gracia acepta, pero la gracia también transforma. La gracia no dice: “Quédate cómo estás.”

La gracia dice: “Te amo demasiado como para abandonarte donde te encontré.”

Y Pablo utiliza dos palabras: exhortábamos y consolábamos.

Y es que necesitamos las dos:

Exhortar, ¿que significa?  no es regañar o reprender.

Exhortar significa animar, impulsar.

A veces significa tener suficiente amor para decirle a alguien:

“Hermano, te quiero demasiado como para quedarme callado.” “Creo que te estás alejando de Dios.” “Creo que esa decisión que estas tomando no es buena.” “Creo que necesitas volver a la Palabra.”

“Déjame caminar contigo.”

Porque la gracia no solamente dice: “Te acepto.” También dice: “Quiero verte crecer.”

Pero luego viene la otra parte.

Consolar, Porque todos necesitamos corrección. Y todos necesitamos consuelo.

Imaginen a un padre enseñando a su hijo a montar bicicleta sin las ruedas laterales. El padre corre al lado, Sosteniendo el asiento. El niño tiene miedo.

Y el padre le anima y le dice: “venga, vas bien, ¡Mantén el equilibrio!, endereza el volante, mira el camino, no desvíes la mirada”

Eso es exhortar.

Pero de repente, el niño pierde el equilibrio y cae, Se raspa la rodilla.

¿Qué hace el padre? ¿Se queda mirando desde lejos diciendo: “Te dije que no te cayeras”?

No. Corre hacia él. Lo levanta. Le sacude el polvo. Se fija si se ha hecho daño, le limpia la herida. Y le dice:

“Está bien, hijo. A todos nos pasa. Vamos. Vuelve a subir, Volvamos a intentarlo.”

Eso es consolar.

Y eso es lo que una iglesia llena de gracia hace. Una iglesia puede tener mucha verdad y poca gracia. Y la Verdad sin amor destruye

Puede convertirse en un lugar donde todos saben señalar errores. Pero nadie sabe restaurar.

Y también puede ocurrir lo contrario.

Una iglesia puede hablar tanto de amor que deja de llamar pecado al pecado.

Pero la iglesia de Cristo necesita las dos cosas:

verdad y gracia.

La verdad nos dice: “Esto necesita cambiar.” La gracia nos dice: “Y yo voy a caminar contigo mientras cambia.”

La verdad confronta. La gracia restaura.

La verdad señala el camino. La gracia ayuda al que está caminando.

La verdad dice: “Levántate.” La gracia dice: “Yo te ayudo a levantarte.”

Podemos predicar sobre el perdón y guardar resentimiento. Podemos hablar de misericordia y tratar con dureza a quien ha caído. Necesitamos que la gracia despierte en nosotros, No solamente en nuestra mente, en nuestras relaciones.

Porque una iglesia llena de gracia no es una iglesia que simplemente habla de la gracia, Es una iglesia donde la gracia puede verse.

CONCLUSIÓN

¿Saben donde aprendemos a vivir la gracia? En La Cruz

Porque probablemente nos preguntemos,

 ¿cómo vamos nosotros a amar así? 

¿Cómo voy a tener paciencia con esa persona?

¿Cómo voy a perdonar, a esta persona que me hizo tal o cual cosa?

¿Cómo voy a abrazar al que me ha decepcionado?

¿Cómo voy a ayudar al que ha caído?

¿Cómo voy a entregar mi vida a otros cuando yo mismo estoy cansado?”

La respuesta está en la cruz.

Porque nosotros no inventamos la gracia. Primero la recibimos. Dios no se quedó en el cielo enviándonos instrucciones.

Entró en nuestra historia. Y habitó en entre nosotros. Se acercó a nuestra debilidad, haciéndose hombre. Cargó con nuestro pecado. Jesucristo nos miró con amor cuando estábamos perdidos. Y el sí que entregó su propia vida por nosotros.

No porque fuéramos dignos. Sino porque nos ama.

La cruz es la demostración definitiva de que: La gracia no es barata para Dios, aunque sea gratuita para nosotros. Cristo pagó el precio.

Y ahora nosotros vivimos desde esa gracia, por eso podemos extenderla.

Seamos un invernadero de gracia.  Que aquí el herido encuentre un abrazo.

Que el necesitado encuentre una mano. Que el solitario encuentre una familia.

Que el que ha caído encuentre restauración. Que el que está creciendo encuentre paciencia.

Que el que necesita corrección encuentre verdad.

Porque una iglesia llena de gracia tiene:

La ternura de una madre.

La generosidad de un corazón que comparte la vida.

Y la responsabilidad de un padre que ayuda a sus hijos a crecer.

Y sobre todo…

tiene los ojos puestos en Cristo.

Porque hemos recibido gracia para poder dar gracia.

Que el Señor nos bendiga.