Creo que esto es algo que, como creyentes, desde que empezamos nuestro camino en la Fe, siempre estamos buscando.
Alguna vez he escuchado decir, si hoy el Señor nos hablara de forma audible como lo hacía en las historias que leemos en el Antiguo Testamento, como a Abraham, como a Moisés en la zarza que no se consumía, incluso en el Nuevo Testamento a José, esposo de María, a Pablo, pensamos, es que sería más fácil quizás conocer qué espera de mí, o saber si este camino que estoy tomando es el correcto o no, o las decisiones importantes que he de tomar.
Pero entonces nos viene a la mente lo que dice el autor de la carta a los hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”.
Y es cierto, nosotros tenemos mayor revelación que la que tuvieron esos antepasados, nosotros podemos conocer a Dios Padre a través de su hijo Jesucristo, él nos lo ha revelado, él nos lo ha descubierto. Solo intentad pensar en la riqueza que encontramos: en cada acción que Jesús hizo, en cada parábola enseñada, en cada milagro, en cada pregunta hecha, en la cruz, en la resurrección, en sus promesas.
Todo Nos muestra como es el corazón del padre, nos revela Quien es Dios.
Y es que a eso vino Jesús entre otras cosas, a restaurar nuestra relación con Dios, el mismo libro de hebreos nos habla de cómo se restauró esa relación cuando habla de Jesús como el sumo sacerdote y a la vez el sacrificio, ese sacrificio que hoy nos permite entrar en al trono de la gracia.
Sabemos porque hemos estudiado y aprendido los medios que Dios usa para hablarnos:
la oración, a través de la Biblia, a través de las circunstancias vistas a la luz de la palabra de Dios, a través de hermanos en la fe.
Pero hoy no quiero hablar de estos canales que tenemos para escuchar la voz de Dios, quiero que juntos reflexionemos sobre otros rasgos característicos de como Dios se comunica con nosotros usando una parte de la historia de Elías.
Antes de leer el texto, déjenme darles un poquito de contexto.
Reinaba Acab sobre Israel y este, se casó con Jezabel, una princesa fenicia. Ella promovió oficialmente el culto a Baal.
Baal era el principal dios de muchos pueblos cananeos, su nombre significa «señor» o «amo», y era el dios de la lluvia y la fertilidad.
En una sociedad agrícola, la lluvia era la diferencia entre la vida y la muerte. Y qué pasó con Israel, terminó adorando a Baal
Para muchos israelitas, adorar a Baal parecía una decisión práctica:
- «Si Baal da la lluvia, mejor asegurarnos su favor.»
- Mezclaban la adoración a Yahvé con la de Baal.
- Pensaban que podían servir a ambos.
Por eso el profeta Elías desafía al pueblo diciendo:
«¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.» (1 Reyes 18:21)
Pero Dios le dice a Elías que anuncie una sequía, Dios lanza un desafío directo a Baal. Es como si dijera:
«¿Creéis que Baal controla la lluvia? Veamos quién puede abrir y cerrar los cielos.»
La sequía duró tres años y medio, demostrando que no era Baal quien gobernaba la naturaleza, sino Yahvé.
Y para terminar la sequía, Dios le dice a Elías que le proponga a Acab un reto, esta parte de la historia me encanta, Leedla cuando podáis en el primer libro de Reyes, capítulo 18.
De qué iba el reto, Dios le propone un enfrentamiento entre 450 profetas de Baal que preparan un sacrificio y piden que baje fuego del cielo que queme el sacrificio, y ahí están los 450 profetas de Baal clamando durante horas.
Gritan, bailan e incluso se hacen heridas para llamar la atención de su dios. no ocurre nada.
Después, Elías construye el altar del Señor, empapa el sacrificio con agua y hace una breve y poderosa oración.
Y Dios responde, envía fuego del cielo que consume el sacrificio, la leña, las piedras e incluso el agua que se había acumulado en el foso.
El mensaje es claro: Yahvé es el único Dios vivo, mientras que Baal no tiene poder.
Y Jezabel jura que va a matar a todos los profetas y Elías huye y cae en una depresión; Dios le acompaña en ese proceso, le alimenta en ese camino y Elías termina en una cueva y allí es donde lo encontramos.
Leamos el primer libro de Reyes 19:9-18
Y de esta lectura me gustaría que pudiéramos sacar 3 rasgos característicos de cómo Dios se comunica:
- Dios hace preguntas.
Esto no es una novedad para nosotros, llevamos dedicado gran parte de este año a reflexionar en las preguntas que Jesús hace: en sus encuentros a discípulos, a sus seguidores, a los que le buscan, a sus amigos y sus no tan amigos (los fariseos).
Me encanta ver el foco que hemos puesto en esas preguntas y todo lo que hemos aprendido de Dios, de Jesús de su corazón de su manera de amar, de su manera de hacer entender a otros lo que significa el reino de Dios.
Y si Dios se ha revelado por medio de Jesús, ¿qué menos que encontrarnos a Dios Padre también haciendo preguntas?
¿Cuántos recuerdan la pregunta que Dios hace a Adán cuando acude a su encuentro y sabe que están escondidos y le pregunta:
. ¿Dónde estás tú?
O la pregunta que hace a Caín cuando sabía que había matado a Abel:
. ¿Dónde está Abel, tu hermano?
Y hoy nos encontramos con la pregunta que le hace a Elías:
¿Qué haces aquí?
Preguntas,
A veces pensamos que cuando Dios nos habla, nos tiene que dar una revelación en forma de una instrucción clara, pero aquí nos encontramos con Elías; él no recibe una instrucción, ni una solución, sino una pregunta que le obliga a describir su historia en voz alta.
Con preguntas, es como Dios nos invita a parar, a observar lo que pasa a nuestro alrededor, a razonar, a pensar en qué es lo que vendrá después, y es allí donde él trabaja en nosotros.
¿Pero saben qué nos pasa? Que nos molesta convivir con las preguntas sin respuesta.
Si no, fijaros cuando en una mesa o en una conversación sale una pregunta para la que ninguno de la mesa tenemos respuesta. Antes nos íbamos a casa y quizás allí le continuábamos dando vueltas, y a los que les dejaba más inquietos, iban y buscaban información en libros, etc.
Ahora no, en esa misma mesa alguien saca el móvil, le pregunta a la IA y de inmediato tenemos la respuesta. No queremos pasar más de 2 minutos sin respuestas.
Dios nos hace preguntas.
¿Y si Dios en este tiempo te está preguntando algo, en lugar de darte una respuesta?
Que te está preguntando el Señor, o por profundizar más, de que no quieres hablar con el Señor, que temes que te pregunte, es muy probable que el Señor quiera que le des una respuesta sobre ese tema.
- El Silencio
Elías obedece al Señor; está fuera de la cueva delante de Jehová, y va descartando las maneras en las que el Señor le podía hablar, Dios no estaba en el viento, Dios no estaba en el terremoto, Dios no estaba en el fuego y, después de ese ruido, llega el silbo apacible y delicado. En hebreo se traduce “una voz de fino silencio”, paradoja, una voz que está hecha de silencio.
y en ese momento es cuando Elías reconoce a Dios, el silencio no era la ausencia de Dios, era la forma que el Señor había escogido para hablarle a su profeta.
Me encanta, Dios escogiendo el silencio para hablarnos.
¿Cuándo fue la última vez que estuviste en silencio un buen rato?
El silencio nos molesta, saben que además de tener que ver con los ojos espirituales, como dice Efesios, “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado”,
También tenemos oídos espirituales.
Jesús nos dice más de una vez en los evangelios: «El que tiene oídos para oír, oiga». No todos entienden las enseñanzas divinas, solo aquellos con la disposición interior de escuchar.
Una de las contradicciones más tristes es que sabemos que Jesús nos ha sanado de la sordera espiritual, sabemos que podemos oírle, pero nos hemos saturado de ruido y ese ruido ya no solamente es exterior, sino que a veces está en nuestra cabeza. Nos hemos acostumbrado tanto al ruido que el silencio es algo negativo, si estamos con un grupo de amigos y hay uno que está en silencio, pensamos que algo va mal, por ejemplo.
Puede parecernos que en el silencio no hay nada, y es en ese momento que Elías tuvo una revelación mayor de quién era el Señor en su vida.
Como el salmista nos dice: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”.
- Después del silbo apacible Dios le hace a Elías la misma pregunta que le hizo al principio.
Le vuelve a preguntar.
¿Qué haces aquí?
Repetición
Otra cosa que nos molesta es la repetición, siempre queremos novedad, pasamos en el móvil haciendo scroll y solo nos detenemos por segundos en la novedad, y una vez visto, deja de interesarnos porque ya no es novedad.
No tenemos tolerancia a lo de siempre, nos parece aburrido.
Si Dios nos habla, entonces nos tiene que decir algo nuevo, queremos palabra fresca, queremos también de Dios la novedad, pero cuando habla, Él repite. Por ejemplo, a Israel le repite en Deuteronomio la ley que ya les había dado, Jesús a Pedro le hace 3 veces lo que ya le había dicho; “Me amas?». Saben qué pasa con la repetición, que una verdad pasa de ser información para convertirse en una convicción profunda.
Cuando somos pequeños, aprendemos historias en la escuela dominical, en casa y, con el paso de los años, esas palabras se convierten en una revelación.
Y lo que siempre ha estado aquí es la palabra de Dios, y lo que nosotros necesitamos es oír esa palabra una y otra vez, porque al escucharla la segunda, la tercera, la cuarta vez, la escuchamos desde un lugar distinto.
En la primera conversación con Elías, él está en la cueva y la segunda vez que le hace la misma pregunta, Elías está fuera de la cueva y vuelve a responder lo mismo; sin embargo, hay una posición distinta del corazón a la hora de escuchar al Señor.
Y es lo que nos pasa a nosotros: hoy o mañana el Señor vuelve a decirnos lo mismo que nos dijo en otro tiempo. A veces pensamos que el Señor no está, no nos habla; ¿y si los que no estamos somos nosotros?
¿Y si el que no está eres tú?
Las repeticiones de Dios, la insistencia de Dios es que nos está hablando incluso cuando no queríamos oírle.
Dios nos habla una y otra vez, aunque no lo percibamos, dice Job 33:14
Preguntas, silencios, repeticiones, tres rasgos del habla de Dios que creo que debemos recuperar.
El mundo nos dice lo opuesto; nos dice que busquemos las respuestas, no tolerar los silencios y las repeticiones.
No escuchemos las respuestas del mundo, el ruido del mundo y las repeticiones del mundo. Porque terminan anidando en nuestro corazón.
Hoy algunos ya están de vacaciones, otros empezamos mañana nuestras vacaciones y otros después.
Yo quiero invitarte a practicar estos tres rasgos, quizás cambiaremos de lugar, quizás tengamos oportunidad de tener más tiempo para meditar en la palabra de Dios. Ponte dentro del pasaje y convierte lo que lees en preguntas, haz preguntas personales.
Y luego quédate en silencio, deja que llegue el silbido apacible, la voz de fino silencio, hablando a tu corazón.
Y después vuelve a repetirte la pregunta, y deja que el Señor te hable.
Déjame que termine repitiendo el versículo que ya hemos mencionado:
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”.